Árboles de Navidad: ¿naturales o de plástico, qué es más ecológico?

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Árboles de Navidad: ¿naturales o de plástico, qué es más ecológico?

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Cuando muchas familias, parejas o incluso personas solteras se deciden a comprar un árbol de navidad, no pueden evitar sentir un estremecimiento cuando el vendedor corta con una sierra eléctrica la base del tronco para evitar tener que cargar con el tiesto. Hasta el punto de que algunas prefieren llevarse el abeto con tiesto incluido, creyendo que así puede sobrevivir y que después se replantará para no desertizar los bosques de donde procede…

En realidad aunque esté en el tiesto y cubierto de tierra, el abeto está muerto, pues para arrancarlo del suelo hay que cortarle las raíces. La separación del tiesto mediante un corte es una cuestión meramente práctica, y es un falso mito que los ayuntamientos recojan los abetos para replantarlos de nuevo después de la festividad de Reyes: los triturarán para hacer biomasa con distintos fines, algunos poco ecológicos.

Pero, ¿quiere decir esto que es más ecológico, más humano e incluso que protege mejor los bosques apostar por los árboles de navidad artificiales hechos con acero, PVC y cobre? En algunos casos puede ser, pero en muchos otros no. Todo dependerá del cuidado que le apliquemos al árbol artificial, de la latitud donde vivamos o de las políticas de reciclaje de nuestro ayuntamiento o autoridad local. Veamos las ventajas de cada opción. 

A favor de los naturales

Son cultivados y se restituyen

Es una falacia que los árboles arrancados deserticen el bosque. En muchas ocasiones ni siquiera están plantados en bosques sino en áreas donde antaño hubo otros cultivos, sobre todo en los alrededores del Montseny, en Barcelona, donde se concentra el 90% de la producción de árboles que se ponen en las casas españolas. De hecho, España es el mayor productor de árboles de Navidad del sur de Europa.

Cuando el productor arranca un árbol, que tarda entre dos y tres años en alcanzar el metro, lo sustituye por otro que hará crecer en el mismo lugar. En el fondo no se diferencia mucho de un huerto de lechugas. Además se suelen preferir áreas llanas y accesibles, cercanas a las poblaciones, porque tienen un mejor y más profundo suelo, lo que propicia un crecimiento más veloz, y porque facilitan el transporte. Esto hace que las áreas de montaña, hábitat natural de los abetos, sean respetadas por su poco rendimiento económico. 

Se mantienen áreas de bosque limpias

En efecto, en las zonas donde hay plantaciones de abetos se mantiene el suelo limpio de malas hierbas y rastrojos; esto puede verse como un empobrecimiento de la biodiversidad, pero también es un seguro contra incendios en verano. Además, las zonas de influencia de bosque natural cercanas también se suelen mantener limpias para evitar que eventuales incendios afecten a los cultivos.

Son biodegradables

En efecto, cuando nuestro ayuntamiento los recoge, no los tirará al vertedero, sino que los triturará para fabricar biomasa, ya sea para combustión, lo que es poco o nada ecológico, o bien para fabricar sustratos orgánicos para jardinería, para verter en fondos de ríos, etc. Es decir que tienen numerosas salidas ecológicas.

Mantienen economías locales

Muchas personas viven del cultivo de abetos para navidad en zonas alejadas de entornos urbanos, con accesos difíciles y economías precarias. El negocio de los abetos, que se centra en la navidad, les proporciona un modo de vida sostenible y les permite no abandonar los bosques aledaños a su suerte. 

A favor de los de plástico

Pueden reutilizarse tantas veces como se quiera

Un estudio, si bien encargado por una asociación de fabricantes de árboles de navidad, calcula que comprando uno de estos árboles -que en realidad son filamentos de acero con vetas de plástico verde alrededor, aunque los hay más y menos elaborados- y usándolo durante más de cinco años seguidos conseguimos una mayor reducción de la huella de CO2 que con un árbol natural, al cual hay que suministrar fertilizantes, productos fitosanitarios, transportar al punto de venta, etc.

Sea o no tendencioso el estudio, lo cierto es que con los adecuados cuidados, un árbol artificial se puede utilizar durante muchos años, con lo que su huella de carbono va disminuyendo cada año que pasa. Optativamente, podemos fabricarnos nuestros propios árboles artificiales con materiales ecológicos, tal como propone esta página.

No implican la extensión de nuevas áreas dedicadas al monocultivo

Otra ventaja es que al no incentivar el crecimiento desmesurado de las economías locales que viven de estos monocultivos, se evita que, por excesiva demanda del mercado, los productores deforesten áreas de bosque para ampliar las plantaciones de abetos, que como ya hemos comentado son pobres en biodiversidad.

En zonas cálidas y áridas evitan emisiones en transporte

Si decimos que el 90% de los árboles naturales de navidad se producen en el norte de Barcelona, se antoja evidente que transportarlos hasta Sevilla, Cádiz o Almería, donde difícilmente habrá producciones locales de entidad, deja alguna huella ecológica. Si a ello le sumamos que se exportan a Portugal, Italia e incluso Alemania o Francia, la huella crece. En ciertas latitudes, si no podemos acceder al árbol de navidad natural de cercanía, tal vez sea más ecológico apostar por el artificial y reutilizarlo. 

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